Huellas del pasado

Nunca lo entendí, no lo entiendo, y nunca lo voy a entender: esa tontería del amor.

Vi la carta, escondida estrátegicamente a la vista, la leí y supe que nada ocurría conmigo. Los sentimientos formaban parte de otro. Vacío, incomprensivo, incrédulo, meticuloso, calculador y frio, diganme como todos o como más quieran. Sinceramente, me importa muy poco. Yo sólo opino y sostengo que en la vida hay que ser prevenidos. Ustedes amigos, ustedes van a saber comprender. ¿Por qué les digo esto? Pues, voy a relatar una historia totalmente amorosa y romántica, como las que, está demás decir, me encantan.

Sólo pido que luego de escuchar piensen bien si no es digna de llevarse un premio a la historia de amor real, auténtica y jamás contada en la historia, de Hollywood, claro.

Se las contaré tal cual me la contaron con todos sus besitos y erizos pero guarda: los viejos mienten.

La vieja siempre dice: «no existe, ni exitió amor más puro que el de Adam y Cristina». Está claro que ella vivió en carne propia el amor que se tuvieron todas las personas y hasta tuvo tiempo de compararlas. Patrañas. En la escuela, mi profesora de literatura nos aseguró que no había amor más grande que el de Romeo y Julieta. Otra historia en mi lista de exageraciones.

Las mañanas de primavera eran lo suficientemente cálidas para poder pasar el rato con alguien, abrazados o tan sólo de la mano. La típica placita verdosa y floreada con el sol poniente creaban la situación perfecta para la propuesta del año. El Jardín Botánico era el lugar perfecto para la ocasión.

Adám era un chico asombroso y excepcional, único en su especie. Cristina, una chica muy sencilla y linda. Se conocieron a los once y prometieron amarse por siempre en aquel jardín tan particular, como si con eso bastara. Hasta yo sé que las personas se enamoran a los 20, 30 0 60 años. Uno nunca termina de conocer a alguien.

-¡Señor Gabriel Smith, tómelo como una situación atípica si quiere!- me dice a los gritos la vieja, cansada de escuchar mis acotaciones acertadas sobre la historia.

De vestimenta totalmente matadora y a lo galán rebelde, con sus zapatillas All Star algo desatadas, el jogging, la camiseta blanca con un lagartito al costado y su pelo castaño peinado por el viento, se encontraba el deseo de toda chica. Mi humilde opinión, la foto en la carta no lo favorece, pero es fachero, lo admito. Aunque creo que es sólo porque me hace recordar a un amigo o alguien que conozco. Por otro lado, se encontraba Cristina un ser cálido, angelical, honesto y sincero, incapaz de herir a nadie. Una tonta, por no decir torpe, con la excusa del amor se tropezaba y arruinaba todo. Se perdía en las palabras de su amado. Creía en todo lo que le decían, si hubiera sabido que decir «te amo» es tan común como decir «hola» ninguna historia sería puesta en duda, porque de hecho no exitiría. Pero ellos se amaban, hasta pensaban casarse y tener hijos, a uno le pondría el nombre de un ángel y al otro Timoteo. Suerte que no los tuvieron.

A los 23 años de edad la relación se mantenía. Todos los días se veían, era una pareja prometedora y fiel, habían prometido nunca dejarse e incluso estaban por comprar un hogar donde vivir; pasara lo que pasara ellos estarían juntos. «Amor, mira las estrellas, mira  como brillan por ti, y por cada cosa que haces. ¿Sabes?¿Sabes que te amo?» Esas cosas son las que me revuelan los ojos, antes de escucharlas prefiero leer una revista amarillista.

No lo creo, no puede ser tan, tan así, de esa manera.

De los padres de Adam, no sé mucho. Después de varias veces que me contaron, me di cuenta que ellos no cumplían ningún rol en él. Ni como personajes secundarios. No ocurre lo mismo con el padre de Cristina, empresario y poeta encubierto, debía cumplir el rol de padre y madre a la vez. Se preocupaba mucho por su hijita, su vida era ella y para ella. No sé por qué, pero es el único personaje que admiro y respeto en esta mentira; Cristina me da pena, y al otro no lo soporto, de tantas veces que escuche de él llegue a detestarlo.

En fin, los chicos se amaban aun más que Romeo y Julieta, Juana a su Dios, Minnie a Mickey o Blancanieves a su príncipe, y como me repiten varias veces: aun más que Jack a Rose en Titanic, una de mis mejores películas, no por su contenido sino por su producción, una de las más caras en la historia del cine.

Todo era muy bonito y color de rosas amarillas, pero a esa edad llegó noviembre. No con buenas noticias. Cristina debía meses de alquiler, su situación era complicada, decidió callar y no alarmar a nadie pensando que iba a arreglarse por sí solo; de seguro una mano invisible aparecería por allí. Debía sacar un préstamo y se arreglaría todo, es lo que ella pensaba. Pero de ninguna manera fue así. Se endeudó con muchas personas. El sueldo del padre ya no le alcanzaba para los dos. Los cambios fueron visibles: el privilegio de productos importados se había esfumado, se prolongaba cada vez más el horario en que su padre tomaba las medicinas y las visitas a su amado iban en baja. Los días avanzaban cada vez más lentos.

Llego Diciembre, por desgracia. Las deudas eran muchas, y a esto se le sumaba un pequeño problemita, insignificante. No me acuerdo bien del nombre, pero sé que la gente tenía su dinero prisionero como si fuera ganado vacuno. La vieja me contó que la gente se volvió loca, estaba desesperada; un presidente llegó a escapar en helicóptero, luego lo sucedieron cincopresidentes en tan solo diez días. Saquearon el supermecado del padre de Cristina, hubo robos, pero lo peor, treinta y nueve personas muertas.

El 22 de Diciembre ya tenían horario de partida del avión con destino a España. Por suerte, el padre tenía contactos en ese país y logró conseguirle un muy buentrabajo a Cristina. No le agradaba la idea de que su hija trabaje por los dos, pero su salud lo obligaba.

Adam nunca fue a despedirla, ella nunca lo vio por última vez. Pero sí lo oyó, por ultima vez.  «Tu viejo sabe lo que hace, ¿no?». Ni más ni menos. Todo concluyó con esa estúpida frase. Enamorados, por supuesto, él la quería tanto que no quiso escucharla y decidió quedarse en vez de acompañarla o luchar por ella.

Mi abuelito siempre me dice que las personas, cuando se enojan, no siempre lo hacen explícitamente, llegan a cometer errores que lamentan toda su vida pero las que verdaderamente se aman lo hacen para la eternidad, sin importaar las distancias y el tiempo. Es extraño escuchar esto de él, ya que nunca suele hablar de esa forma; al contrario, siempretrata temas de economía, o de cosas que raras veces entiendo, por eso cuando me dice algo fuera de lo común lo grabo en mi memoria. Él es mi ejemplo a seguir, es mi héroe.

La carta que encontré es del 2001, informal y nada clara. Impresa con tinta corrida y algo borrada, llegué a distinguir un «te estaré esperando» y «nunca lo podría haber imaginado, pero estoy feliz por eso». Por último «tu Adam».

Mamá nunca me supo explicar bien nada, siempre está enlas nubes pensando en quién sabe qué, pero me asegura que la historia tiene final feliz en un futuro. Yo me pregunto qué futura si la historia terminó. A veces pienso que mi mamá sueña demasiado, es por eso que su historia me parece totalmente absurda. Pero con todo y eso la quiero, nunca se lo diría así, pero si es necesario escucharla mil veces hablar como loro la escucharé.

Cumplí 15 años, este diciembre y de regalo me van a llevar a conocer Argentina, es genial, siempre quise conocerla, sueño con ella. Pero mi viejita sabe que el único deseo en la vida es conocer a mi padre y el motivo por el que me dejó, o por lo menos su nombre.

4 comentarios en “Huellas del pasado

  1. Avatar de grr.prz

    Reblogueó esto en Grisescribióy comentado:

    Un cuento, terminado.

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  2. Avatar de amparoarcribas

    Es interesante: ¿Es la historia de tu mamá? Supongo que sí. Ha de ser difícil para ti, no conocer a Adám.

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    1. Avatar de grr.prz

      Es sólo un cuento por suerte. Ya te contaré mi historia 🙂

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      1. Avatar de amparoarcribas

        ¡Fue muy entretenido! De acuerdo, esperaré con ansias.

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