Hoy en día las redes sociales son indispensables en la vida social de una persona. Créase o no, las personas más reacias a estas tecnologías, incluso las que rechazaban el celular digital, han logrado adaptarse a ellas. Vemos todos los días, en el colectivo, subtes, bares y restaurantes a personas de edad variada con un celular en mano chequeando y poniéndose al día con Instagram, Facebook o Twitter entre otras.
Inicialmente me pregunté que tan indispensable podría a llegar a ser este tipo de aplicaciones o incluso el smarthphone (ya no es un celular). Nadie se muere por no tener cuenta en alguna de estas aplicaciones, pero ¿quedamos apartados?
Hace varios meses, noté que pasaba mucho tiempo abocada al arte de la virtualidad. Y luego de atravesar por una mala racha, por otros motivos, decidí dejar las aplicaciones, a excepción de gmail y whatsapp, que lo usé como sistema de mensajería al modo SMS. Estaba saturada de imágenes con filtros luminosos o caras con perro y la famosa corona dorada que te deja sin rasgos faciales. Inundada de publicidades de ropa, showrooms nuevos y hasta de los instagramers chistosos. Ni hablar de los tweets violentos, de discriminación y locura.
Necesitaba paz.
Comencé con Facebook, no quería solamente cerrar sesión. Quería irme. Cerré mi cuenta. Siguió Instagram, pero no fue tan fácil, no me permitía eliminarla hasta por un tiempo prudente, por lo que solo la desactive. Siguió Twitter, fue bastante sencillo. No voy a mentir, fue muy triste ver el perfil de mi novio sin todas las fotos que tenía conmigo, sin ninguna publicación mía. Virtualmente había desaparecido.

No estaban mis fotos, ni mis comentarios, ni mis eventos, no había nada.
Deje pasar el tiempo, un día, dos días, una semana, dos. Me acostumbre, tenía más tiempo. Me arreglaba el pelo, me pintaba las uñas y hasta hablaba con mis amigas por whatsapp para saber cómo estaban. Algunas hasta casi se enojan: «me eliminaste de Facebook» «¡cortaste con tu novio!» fueron algunos de los reproches, aunque algunos sólo lamentaban no poder etiquetarme para un meme o una foto.
Todo salía muy Disney, hasta que los problemas por escapar de las redes se hicieron presentes. Debía rendir un exámen, no tenía las lecturas al día, precisaba de manera urgente resúmenes. Busqué por todos los sitios webs existentes, utilicé todos los navegadores, pero ni Google ni Yahoo! y menos Duck Duck go! pudieron encontrar lo que buscaba, eran textos muy nuevos. Sólo una clase de personas podría tener esos resúmenes: un alumno de la facultad. Lastimosamente ellos estaban en Facebook, por lo que me las tuve que arreglar para ello.
Después de un mes, logré descontaminarme de toda la cantidad de posteos que llenaban mi celular. Pude centrar mis ideas, mis pensamientos. Las aplicaciones son eso, simples aplicaciones, son útiles, en algunos casos. Pero no son necesarias. Me ayudaban un poco, sí. Pero el uso que le daba era excesivo.
Como todo, hay que saberse medir el uso de estos entretenimientos, entender que pertenecen al mundo virtual. Pero no el real. No hace falta retirarse del todo, pero la paz que se consigue al desconectarse de todo es gloriosa.
No necesitaba irme de las redes, necesitaba apartarme del ruido visual y sonoro que tenía en la cabeza. Ese mes, tomé conciencia de todas las virtudes y porquerías que tiene Internet. De todas las ventajas y desventajas.
Finalmente regresé, reflexioné y supe que hay muchas variantes en aplicaciones de entretenimiento, incluso tener una cuenta en alguna de ellas puede llegar a ser un trabajo inspirador. Muchas personas valientes logran expresarse en estas motivando e inspirando, haciendo reír o informando. Pero así como en el mundo real, el mundo virtual presenta un lado oscuro, en el que la violencia, la intolerancia y los insultos se presentan y son muy difíciles de regular. Como todo en la vida, se debe tener conciencia de lo que implica subir algo a la web, o compartir algo abiertamente, no por lo que digan sino por lo que queremos que sepan los demás de nosotros. Debemos cuidarnos. No hace falta que seamos luckers, no hace falta que subamos todo a Instagram si no lo requiere, pero si tenemos ganas lo debemos hacer con conciencia.
Nota: Trato de apartarme de las redes, todos los fines de semana. Inténtenlo.